jueves, 6 de septiembre de 2012

El Barco Ebrio - Arthur Rimbaud

Este poema lo leí esta mañana camino al trabajo. Lo escribió el francés Arthur Rimbaud cuando tenía sólo 17 años y sorprende por su calidad. Es una tremenda pieza de la literatura, sin lugar a dudas.

El Barco Ebrio
Arthur Rimbaud

" Mientras descendía por Ríos impasibles, 

sentí que los remolcadores dejaban de guiarme: 
Los Pieles Rojas gritones los tomaron por blancos, 
clavándolos desnudos en postes de colores. 

No me importaba el cargamento, 
fuera trigo flamenco o algodón inglés. 
Cuando terminó el lío de los remolcadores, 
los Ríos me dejaron descender donde quisiera. 

En los furiosos chapoteos de las mareas, 
yo, el otro invierno, más sordo que los cerebros de los niños, 
¡corrí! y las Penínsulas desamarradas 
jamás han tolerado juicio más triunfal. 

La tempestad bendijo mis desvelos marítimos, 
más liviano que un corcho dancé sobre las olas 
llamadas eternas arrolladoras de víctimas, 
¡diez noches, sin extrañar el ojo idiota de los faros! 

Más dulce que a los niños las manzanas ácidas, 
el agua verde penetró mi casco de abeto 
y las manchas de vinos azules y de vómitos 
me lavó, dispersando mi timón y mi ancla. 

Y desde entonces, me bañé en el poema 
de la mar, lleno de estrellas, y latescente, 
devorando los azules verdosos; donde, flotando 
pálido y satisfecho, un ahogado pensativo desciende;

¡donde, tiñendo de un golpe las azulidades, delirios 
y ritmos lentos bajo los destellos del día, 
más fuertes que el alcohol, más amplios que nuestras liras, 
fermentaban las amargas rojeces del amor! 

Yo sé de los cielos que estallan en rayos, y de las trombas 
y de las resacas y de las corrientes: 
¡yo sé de la tarde, del alba exaltada como un pueblo de palomas, 
y he visto alguna vez, eso que el hombre ha creído ver! 

¡Yo he visto el sol caído, manchado de místicos horrores. 
iluminando los largos flecos violetas, 
parecidas a los actores de dramas muy antiguos 
las olas meciendo a lo lejos sus temblores de moaré! 

¡Yo soñé la noche verde de las nieves deslumbrantes,
besos que suben de los ojos de los mares con lentitud, 
la circulación de las savias inauditas, 
y el despertar amarillo y azul de los fósforos cantores! 

¡Yo seguí, durante meses, imitando a los ganados 
enloquecidos, las olas en el asalto de los arrecifes, 
sin pensar que los pies luminosos de las Marías 
pudiesen frenar el morro de los Océanos asmáticos! 

¡Yo embestí, sabed, las increíbles Floridas 
mezclando las flores de los ojos de las panteras con la piel 
de los hombres! ¡Los arcos iris tendidos como riendas 
bajo el horizonte de los mares, en los glaucos rebaños! 

¡Yo he visto fermentar los enormes pantanos, trampas 
en las que se pudre en los juncos todo un Leviatán; 
los derrumbes de las aguas en medio de la calma, 
y las lejanías abismales caer en cataratas! 

¡Glaciares, soles de plata, olas perladas, cielos de brasas! 
naufragios odiosos en el fondo de golfos oscuros 
donde serpientes gigantes devoradas por alimañas 
caen, de los árboles torcidos, con negros perfumes! 

Yo hubiera querido enseñar a los niños esos dorados 
de la ola azul, los peces de oro, los peces cantores. 
Las espumas de las flores han bendecido mis vagabundeos 
y vientos inefables me dieron sus alas por un momento. 

A veces, mártir cansada de polos y de zonas, 
la mar cuyo sollozo hizo mi balanceo más dulce 
elevó hacia mí sus flores de sombra de ventosas amarillas 
y yo permanecía, al igual que una mujer, de rodillas...

Casi isla, quitando de mis bordas las querellas 
y los excrementos de los pájaros cantores de ojos rubios. 
¡Y yo bogué, mientras atravesando mis frágiles cordajes 
los ahogados descendían a dormir, reculando! 

O yo, barco perdido bajo los cabellos de las algas, 
arrojado por el huracán contra el éter sin pájaros, 
yo, a quien los Monitores y los veleros del Hansa 
no hubieran salvado la carcasa borracha de agua; 

Libre, humeante, montado de brumas violetas, 
yo, que agujereaba el cielo rojeante como una pared 
que lleva, confitura exquisita para los buenos poetas,
líquenes de sol y flemas de azur; 

Yo que corría, manchado de lúnulas eléctricas, 
tabla loca, escoltada por hipocampos negros, 
cuando los julios hacían caer a golpes de bastón 
los cielos ultramarinos de las ardientes tolvas; 

¡Yo que temblaba, sintiendo gemir a cincuenta leguas
el celo de los Behemots y los Maelstroms espesos, 
eterno hilandero de las inmovilidades azules, 
yo extraño la Europa de los viejos parapetos! 

¡Yo he visto los archipiélagos siderales! y las islas 
donde los cielos delirantes están abiertos al viajero: 
¿Es en estas noches sin fondo en las que te duermes y te exilas, 
millón de pájaros de oro, oh Vigor futuro? 

¡Pero, de verdad, yo lloré demasiado! Las Albas son desoladoras, 
toda luna es atroz y todo sol amargo: 
El acre amor me ha hinchado de torpezas embriagadoras. 
¡Oh que mi quilla estalle! ¡Oh que yo me hunda en la mar! 

Si yo deseo un agua de Europa, es el charco 
negro y frío donde, en el crepúsculo embalsamado 
un niño en cuclillas colmado de tristezas, suelta 
un barco frágil como una mariposa de mayo. 

Yo no puedo más, bañado por vuestras languideces, oh olas, 
arrancar su estela a los portadores de algodones, 
ni atravesar el orgullo de las banderas y estandartes, 
ni nadar bajo los ojos horribles de los pontones. "

miércoles, 5 de septiembre de 2012

El poeta maldito


Aprovecho esta oportunidad para replicar versos del gran Charles Baudelaire, quien "escandalizó" la Francia del siglo XIX, siendo denominado como "El Poeta Maldito". De sus palabras es posible desprender fácilmente los motivos.
Mantendré la idea de publicar textos que cautiven mi atención al enfrentármeles, pues la idea es compartir las experiencias que, posiblemente, serán similares para los distintos lectores ante estos "iluminados" escritores.
"Iluminados" en virtud de la aptitud prodigia que desarrollan con la pluma y además por sus ideas radicales sobre distintos aspectos de la vida. Disfrútenlo.


Una Carroña
Charles Baudelaire
Y este mundo producía una música extraña
como el agua que corre y el viento
o el grano que un ahechador con movimiento rítmico
agita y voltea con su criba.

Las formas se borraban y no eran más que un sueño,
un esbozo tardo en aparecer
en la tela olvidada, y que el artista acaba
sólo de memoria.

Detrás de las rocas una perra inquieta
nos miraba con ojos enfadados,
espiando el momento de recuperar en el esqueleto
el trozo que había soltado.

Y, sin embargo, tú serás igual que esta basura,
que esta horrible infección,
¡estrella de mis ojos, sol de mi naturaleza,
tú, mi ángel y mi pasión!

¡Sí! tal tú serás, oh reina de las gracias,
después de los últimos sacramentos,
cuando vayas, bajo la hierba y las fértiles florescencias,
a enmohecer entre las osamentas.

Entonces, oh belleza mía, di a los gusanos
que te comerán a besos,
¡que he guardado la forma y la esencia divina
De mis amores descompuestos!

lunes, 3 de septiembre de 2012

Oscar Hahn: con merecimiento


Pequeño homenaje al nuevo Premio Nacional de Literatura, Oscar Hahn.

¿Por qué escribe usted?

Porque el fantasma porque ayer porque hoy:
porque mañana porque sí porque no
Porque el principio porque la bestia porque el fin:
porque la bomba porque el medio porque el jardín

Porque Góngora porque la tierra porque el sol:
porque San Juan porque la luna porque Rimbaud
Porque el claro porque la sangre porque el papel:
porque la carne porque la tinta porque la piel

Porque la noche porque me odio porque la luz:
porque el infierno porque el cielo porque tú
Porque casi porque nada porque la sed

porque el amor porque el grito porque no sé
Porque la muerte porque apenas porque más
porque algún día porque todos porque quizás

...el gran Borges


El enamorado
Jorge Luis Borges
Lunas, marfiles, instrumentos, rosas,
Lámparas y la línea de Durero,
Las nueve cifras y el cambiante cero,
Debo fingir que existen esas cosas.
Debo fingir que en el pasado fueron
Persépolis y Roma y que una arena
Sutil midió la suerte de la almena
Que los siglos de hierro deshicieron.
Debo fingir las armas y la pira
De la epopeya y los pesados mares
Que roen de la tierra los pilares.
Debo fingir que hay otros. Es mentira.
Sólo tú eres. Tú, mi desventura
Y mi ventura, inagotable y pura.