I
Bajo este sol de otoño, amarillo y sereno,
he sentido unos dulces deseos de ser bueno.
Deseos de ser otro más humilde, más grave;
ansias de reencarnarme. Y de ser como el suave
sándalo que perfuma el filo de las hachas
que convierten su tronco en tiras y en hilachas.
¿Por qué será? No sé. Pero siempre bendigo
la caricia bendita de este solcito amigo
que ha vertido en mi alma -enferma y dolorida-
un chorro perfumado con ansias y con vida...
Y por un caminito, lentamente, sereno,
con la serenidad dentro del corazón,
me he ido caminando, sintiéndome más bueno,
bajo el beso tan tibio y tan suave del sol.
II
Ansias de reencarnarme. De ser un campesino
humilde como un grano de trigo o de centeno
y en la paz de la tarde, sentado en el camino,
sentirse más de uno porque se es más bueno.
Deseos de ser otro. De ser algún pastor,
manso, tranquilo y fuerte. Y guiando el ganado,
ir tocando en las flautas pastorales de amor
y haciendo un ramillete con las flores del prado.
Y de ser como el agua. Y de ser como el viento.
O de ser una flor. O bien ser una fuente
y en un parque sombrío ir, momento a momento,
muriendo en el murmullo del chorro transparente.
III
¡He sentido unas ansias de ser otro conmigo
y ser otro con todos! Y de ser más sereno.
¿Qué quereis? Es tan tibio este solcito amigo.
Y esta tarde tan triste. Y este otoño tan bueno.