miércoles, 24 de mayo de 2017

Manuel Rojas - Canción de Otoño

I

Bajo este sol de otoño, amarillo y sereno,
he sentido unos dulces deseos de ser bueno.

Deseos de ser otro más humilde, más grave;
ansias de reencarnarme. Y de ser como el suave
sándalo que perfuma el filo de las hachas
que convierten su tronco en tiras y en hilachas.

¿Por qué será? No sé. Pero siempre bendigo
la caricia bendita de este solcito amigo
que ha vertido en mi alma -enferma y dolorida-
un chorro perfumado con ansias y con vida...

Y por un caminito, lentamente, sereno,
con la serenidad dentro del corazón,
me he ido caminando, sintiéndome más bueno,
bajo el beso tan tibio y tan suave del sol.

II

Ansias de reencarnarme. De ser un campesino
humilde como un grano de trigo o de centeno
y en la paz de la tarde, sentado en el camino,
sentirse más de uno porque se es más bueno.

Deseos de ser otro. De ser algún pastor,
manso, tranquilo y fuerte. Y guiando el ganado,
ir tocando en las flautas pastorales de amor
y haciendo un ramillete con las flores del prado.

Y de ser como el agua. Y de ser como el viento.
O de ser una flor. O bien ser una fuente
y en un parque sombrío ir, momento a momento,
muriendo en el murmullo del chorro transparente.

III

¡He sentido unas ansias de ser otro conmigo
y ser otro con todos! Y de ser más sereno.
¿Qué quereis? Es tan tibio este solcito amigo.
Y esta tarde tan triste. Y este otoño tan bueno.

jueves, 11 de mayo de 2017

Manuel Rojas - Fragmento de La Oscura Vida Radiante

"Más que dolidos, están tristes y asombrados, asombrados aunque preveían algo, no lo que les acababan de hacer sino otra cosa, no saben qué, pero otra cosa, no esto, que les duele más que nada, no por el dinero que no han cobrado, que tampoco era mucho, sino porque el acto ha convertido al director y primer actor en un extraño, no al arte, que no tiene nada que hacer aquí, más bien al teatro y a ellos; porque aunque los actores tienen, como lo tienen todos los que cultivan una actividad que pretende ser artística y que puede llegar a serlo, la música, la pintura, la escultura y la literatura y otras, un alto y a veces desmesurado conecpto de sí mismos, una autoadmiración, casi indispensable para decidirse a lanzarse por el inseguro camino, hay, entre los actores, un compañerismo social que no existe en aquellas otras actividades, que tampoco lo necesitan: el teatro es un arte colectivo y en una compañía la suerte de uno parece la suerte de todos y si ganan ganarán todos, cada uno dentro de su categoría o especialidad, y cada uno ganará lo suyo, no lo de los demás. El teatro es una aventura, por lo menos en Chile, y los que van a una gira son, en ese sentido, aventureros: inician una aventura propia al mismo tiempo que una aventura nacional, se desarrollan ellos y desarrollan el país, porque son los individuos que hacen lo que no hacen los demás los que crean un país, y si entre ellos, entre los componentes de una compañía de teatro, no hay respeto por los intereses de sus compañeros, por pequeños que puedan ser esos intereses, si no hay compañerismo ni honradez en el reparto de los frutos de la aventura, ya que cada aventura tiene frutos, querrá decir que no se trata de una aventura sino de una correría de mercenarios dirigidos por un condotiero, y no quieren ser mercenarios, por más que cobren un sueldo quieren ser artistas que van dirigidos por otro artista ¿Tal vez es eso? ¡O tal vez es otra cosa? Quién sabe".