lunes, 14 de diciembre de 2015

Romance - Rubén Darío

Era una tarde de Enero;
el sol casi se ocultaba,
y las brisas dulcemente
gemían entre las ramas...

Murmuraban los arroyos
y sus mil ondas de plata
parecía que reían…
¡Parecía que lloraban!...

Yo estaba junto a una fuente
viendo sus espumas blancas
y oyendo cómo los cantos
del jilguero en la enramada
se iban, confusos y tristes
del céfiro entre las alas;
y estuve así comtemplando
que no es mi desdicha tanta,
pues que poseo una musa,
una inspiración y un arpa.

Esta musa, tú eres niña,
de mejillas sonrosadas,
de ojos bellos que enamoran
y que inspiran y que encantan.

Esa inspiración es fuego
de tu amorosa mirada,
y el arpa es un don que le hizo
Naturaleza a mi alma.

Con esa arpa, ¡prenda mía!
yo te cantaré baladas
dulces cuál los blancos ecos
de la brisa entre las palmas...

Y te dormirás tranquila
en las fibras de tu hamaca
mientras te canto yo trovas
con las cuerdas de mi arpa.