Estaba sentenciado
Nada en ello había muerto pero nada vivo
crecía con el musgo de las ruinas
Un cielo helénico
De junco o de golpe de malva
vertía su silencio entre los dos
El mundo cabía como un timbre
en la oreja redonda hecha al beso
Y no al convulso latir de espadas
Que nos iba inundando con sus filos
La realidad es algo que existe decíamos
como el rabo para el can endomingado
Que vierte sus ladridos en la huella de los coches
Pero estaba sentenciado
no se puede jugar con nafta sobre el fuego
ni beber de botellas que no acaban nunca
La nafta y el fuego
El vino y el fuego
Todo hierve junto a ti vertiéndose en redomas de albedrío
Bebe en sus redomas el infame desconsuelo
aplica tu sentencia oh jurado invisible
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